¿Cómo se realiza un exámen ocular?

Un examen ocular de tipo estándar o un examen rutinario de los ojos, son una serie pruebas que se le realizan al paciente para comprobar el estado de sus ojos y de su visión.


¿Por qué realizar un examen ocular?

Empezamos a sometenos a este tipo de pruebas en el momento en el que aprendemos el alfabeto. Los exámenes oculares deben empezar incluso antes si se sospecha que el niño puede tener algún problema ocular. Después, lo sexámenes se harán cada 1 o 2 años.

Entre los 20 y los 39 años, se debe hacer un examen ocular completo cada 5 años. Los adultos que utilicen gafas o lentes de contacto deben acudir a revisión una vez al año. Si tenemos síntomas o algún trastorno ocular debemos acudir a hacernos las pruebas de forma más frecuente.

Al pasar de los 40 años, los adultos sin ningún factor de riesgo ni afecciones oculares deben realizarse las pruebas cada 2 a 4 años, y una vez al año cuando pasamos de los 65 años.

Su oftalmólogo le recomendará que incremente la frecuencia según sus factores de riesgo particulares y sus síntomas actuales.

Factores de riesgo a tener en cuenta serán la carga genética o la diabetes. A través de estos exámenes rutinarios vamos a poder detectar problemas de cataratas, glaucoma y degeneración macular relacionada con la edad.

Los resultados de un examen ocular normal pasan por que distingamos bien los colores, tengamos un campo de visión completo, coordinación apropiada de los músculos oculares, presión y estructuras oculares normales.

En definitiva, un examen ocular rutinario es una forma de prevenir y controlar posibles afecciones oculares, e intervenir de forma inmediata en algunas patologías.

shutterstock 101952070 ¿Cómo se realiza un exámen ocular?

Procedimiento de un examen ocular estándar

Lo primero que nos va a preguntar nuestro oftalmólogo es que si estamos teniendo algún tipo de problema en los ojos o con nuestra visión. Si notamos algún empeoramiento o algún síntoma fuera de lo común o que nos llame la atención.

La agudeza visual se comprueba utilizando la tabla de Snellen. Esta es la clásica prueba en la que el oftalmólogo nos pedirá que leamos letras del abecedario al azar, donde estas se irán haciendo cada vez más pequeñas. Para ver si necesitamos gafas, esta prueba se irán realizando con diferentes lentes en ambos ojos.

Otras partes del examen ocular rutinario, incluyen pruebas para comprobar la visión tridimensional apropiada, revisar la visión periférica, revisar los músculos oculares mirando a diferentes direcciones, examinar la reactividad de las pupilas viendo si estas se contraen de forma adecuada ente la luz.

Con frecuencia se administran gotas para los ojos que dilatan las pupilas, permitiéndole al médico visualizar las estructuras de la parte posterior del ojo mediante el uso de un aparato. Esta zona incluye la retina, los vasos sanguíneos y el nervio óptico.

La lámpara de hendidura se empela para ver las partes frontales del ojo y revisar si hay aumentos de presión (que es lo que causa el glaucoma) a través de un método llamado tonometría.

El día en el que vaya a realizarse el examen es aconsejable que evite fatigar los ojos. Si se utilizan gotas oftálmicas para la dilatación de las pupilas, es mejor que vaya acompañado para que no tenga problemas al volver a su casa, ya que el efecto dura unas horas y resulta muy incómodo.

Los exámenes oculares rutinarios no causan ningún tipo de dolor ni molestia. Lo único que puede resultar incómodo a posteriori son las gotas para la dilatación de la pupila, pero estas son estrictamente necesarias para poder ver el fondo del ojo.